Fiebre de fin de semana
Llevábamos mucho tiempo esperando el fin de semana para relajarnos, y por fin llega, puntual como un reloj: la fiebre del fin de semana, tan temida por los padres, sobre todo ante la ausencia del pediatra. Puede que sea simplemente cansancio acumulado de la guardería o el preescolar, o una dolencia menor, pero lo cierto es que los planes familiares deben posponerse. Lo mejor es resignarse a la fiebre y tratar de sobrellevarla lo mejor posible.
Reconocer los síntomas
Ojos llorosos, rostro enrojecido, frente caliente, inquietud y malestar general: estos son los primeros síntomas que indican la aparición de fiebre en los niños. Lo primero que hay que hacer es cuantificar el aumento real de la temperatura. Así que, no se alarme y saque el termómetro.
Cómo afrontar el aumento de temperatura en los recién nacidos
En los recién nacidos, la fiebre no debe reducirse a toda costa: una temperatura superior a la normal no es una enfermedad, sino un síntoma de una infección activa y una señal de la respuesta eficaz del sistema inmunitario. Por ello, solo si la fiebre es alta —es decir, si la temperatura supera los 38-38,5 °C— será necesario recurrir a los antipiréticos, pero siempre consultando con el pediatra y evitando medidas caseras.
La vigilancia debe ser constante.
Para controlar adecuadamente la fiebre de su hijo durante el fin de semana, es importante tomarle la temperatura con frecuencia a lo largo del día. Esto no siempre es fácil, sobre todo si su hijo no se queda quieto o no colabora, como suele ocurrir. ¿Qué puede hacer en estos casos? Puede usar un termómetro para bebés , preferiblemente infrarrojo, que mide la temperatura con precisión al acercarlo a la frente o la sien de su hijo, de forma rápida y sencilla.
