En cada etapa del desarrollo, a cualquier edad, las emociones desempeñan un papel fundamental: aprender a comprenderlas, reconocerlas, controlarlas y gestionarlas es un objetivo esencial de cualquier educación. Todo sentimiento merece ser experimentado y expresado, pues no existen emociones buenas ni malas; cada una debe vivirse plenamente, pero jamás reprimida.

Las emociones no deben ocultarse

Ocultar las emociones no significa hacerlas desaparecer, sino aumentar la posibilidad de expresarlas, lo que a veces puede transformarse en comportamientos desproporcionados que enmascaran el malestar. Por ejemplo, los trastornos del sueño, los trastornos alimentarios, los problemas de conducta con episodios de ira incontrolable y las reacciones psicosomáticas como dolores de estómago o ataques de ansiedad son muy comunes en los niños. Por lo tanto, ayudarlos a expresarse se vuelve fundamental para su bienestar.


Si bien existen etapas de desarrollo específicas por las que atraviesan los niños a lo largo de su crecimiento, gracias a numerosos estudios científicos, sabemos ahora lo esencial que es la relación emocional con sus padres para que el niño descubra y comprenda sus propias emociones. El desarrollo infantil siempre debe observarse e interpretarse desde una perspectiva relacional.

Cómo enseñar a los niños a reconocer sus emociones

¿Qué podemos hacer para ayudar a los niños a expresar sus emociones de forma adecuada? ¿Qué herramientas se pueden utilizar para promover la educación emocional?

Fomentar la inteligencia emocional permite a los niños empatizar con los demás y desarrollar la empatía .


Aquí hay cinco puntos clave:


  1. El primer punto concierne a los padres: es importante que aprendan a expresar sus sentimientos adecuadamente. Serán ellos quienes muestren a sus familias cómo fomentar un diálogo abierto. Esto ayudará a sus hijos, desde pequeños, a aprender que pueden pedir ayuda sin miedo si la necesitan.
  2. El segundo aspecto es el diálogo , la capacidad de escuchar y la habilidad para considerar las emociones y los sentimientos de los demás. Estas son herramientas esenciales para construir una relación educativa pacífica. Los padres son modelos a seguir para sus hijos, y permitirles expresarse con seguridad , tanto verbal como no verbalmente, les ayuda a expresar sus necesidades.
  3. También es importante que los padres establezcan una relación positiva con sus hijos demostrando empatía . Al hablar con los niños, es importante que se sientan seguros y comprendidos usando expresiones como: "Sé que estás enojado, triste...". Esto ayuda al niño a entender que puede hablar libremente sobre sus emociones. Es mejor evitar el uso excesivo de "NO", que lleva al cierre y al conflicto: puedes optar por un "SÍ, PERO..."; en lugar de gritar: "¡No le pegues a tu hermano!", puedes optar por: "Sí, sé que te hizo enojar, pero las patadas nunca son aceptables".
  4. He aquí el cuarto punto: la posibilidad de experimentar las emociones, de vivirlas . Aunque a veces pueda ser doloroso, necesitamos experimentar que, incluso al dejarlas ir, no nos destruyen. De hecho, experimentar las emociones es el primer paso para aprender a gestionarlas. Los cuentos son herramientas muy útiles para llegar al corazón de los niños; historias llenas de miedo, ira y alegría pueden ayudarnos a comprenderlas y experimentarlas .
  5. Pero comprender las emociones no significa aceptar cualquier comportamiento . Por lo tanto, en el quinto paso, una reflexión importante: si las expresiones de los niños son disfuncionales, necesitan ayuda para encontrar mejores soluciones . Los padres nunca deben olvidar su papel como educadores e intervenir de inmediato si sus hijos reaccionan de forma exagerada. Permitirles reaccionar de forma exagerada genera confusión y desorientación. Como siempre, la solución no debe imponerse desde arriba, sino que las normas de buen comportamiento deben establecerse previamente en el seno familiar, con respeto hacia todos.
— Maria Damas
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